Luna que vas de blanco,
amante del poeta a cualquier hora,
oscuro, de una nada seductora.
Luna creciente o bien luna menguante,
musa de Federico
y de la sangre roja del Camborio.
Intensa y penetrante
con un místico tiempo transitorio
que llena el infinito de luceros
para que no te sientas nunca sola;
serán tus compañeros
hasta que el sol despierte a la amapola
y esconda una figura
que tanto, por su aspecto, a cautivado
a todo soñador enamorado.
.
Fotografía y poema Ramón Bonachí.
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